Es un hecho que la energía eólica puede jugar un papel importante en el suministro de energía primaria en un futuro próximo, cuando las emisiones de CO2 y los recursos de combustibles fósiles mundiales se deban disminuir urgentemente. La importancia del aprovechamiento de este recurso energético lo indica el crecimiento de la capacidad eólica instalada a nivel mundial, 37 GW/año, siendo la energía renovable de mayor crecimiento.
Los aerogeneradores convierten la energía cinética del viento en energía eléctrica que vuelve a la atmosfera en forma de calor para regenerar parte de esta energía. Aunque se han realizado estudios acerca del impacto ecológico, estético y climático de los aerogeneradores, los estudios acerca del impacto climático a nivel global han sido escasos. Aunque la generación y disipación de la energía cinética es un componente minoritario de los flujos energéticos contenidos en la atmosfera (≈0.3%), los vientos regulan las principales flujos energéticos contenidos en la misma mediante el transporte de calor y humedad. Por esta razón, la alteración de los flujos energéticos debido al uso de aerogeneradores podría tener efectos climáticos de cierta importancia.
En el año 2004 investigadores de la Universidad de Standford publicaron un estudio [1] en el que concluyeron, a partir de modelos atmosféricos teóricos, que el uso a gran escala de aerogeneradores podría alterar el clima a nivel local y global debido a la extracción de energía cinética y a la modificación de la fluidodinámica de la atmosfera.
Sin embargo, un estudio publicado recientemente en Nature Climate Change [2] basado en nuevos modelos avanzados de simulación atmosférica contradice estas conclusiones. En el articulo de Nature Climate Change se estiman los efectos climáticos globales (calentamiento superficial, medio y precipitaciones) en función del grado de aprovechamiento eólico. Los autores del estudio estiman que los aerogeneradores situados en la superficie terrestre podrían aprovechar un máximo de 400 TW desde el punto de vista de la geofísica atmosférica. Con este nivel de aprovechamiento se observarían consecuencias climáticas acusadas (aumento temperatura atmosférica superficial, descenso temperatura global en el orden de 1ºC y cambios del 10% en las precipitaciones).
Sin embargo, una extracción de energía eólica uniformemente distribuida con niveles de producción en el entorno de los del consumo mundial global actual (≈ 18TW) no tendría efectos significativos en el clima. Bajo estas condiciones de producción, la temperatura superficial atmosférica descendería 0.1 ºC y las precipitaciones lo harían en una cantidad aproximada del 1%.
De acuerdo a estas cifras y para hacernos una idea del potencial de aprovechamiento de la energía eólica sin tener efectos significativos en el clima, decir que la capacidad mundial actual instalada es de alrededor de 200.000 MW, un 1% de los 18 TW para los que el estudio no pronostica efectos climáticos de importancia.
Por lo tanto, la modificación en la geofísica de la atmosfera no será impedimento para el crecimiento de la energía eólica (al menos hasta el orden de las decenas de TW), hecho que dependerá de otros factores como el económico, la disponibilidad de terreno, ecología, o el impacto visual.
Referencias
[1] The influence of large-scale wind power on global climate, David W. Keith et al, PNAS, 2004 101(46) 16115
[2] “Geophysical limits to global wind power”, K. Marvel et al, Nature Climate Change, 2012, DO: 10.1038
Fuente: MadrI+D





El hecho de que consumamos más energía que el resto de Europa con unas condiciones climáticas más favorables y un número mayor de horas de luz, no es más que un indicador de que la cultura española es una cultura derrochadora. Desde
En
Según el Observatorio de la Electricidad de WWF, la energía nuclear se ha situado en el primer puesto del mix eléctrico durante los últimos meses. En segundo lugar se encuentra la generación de electricidad a partir de carbón, que ha aumentado considerablemente respecto a 2010. El gas es la tercera fuente energética, seguido muy de cerca por la energía eólica. Como consecuencia de este incremento de las energías más contaminantes, aumentan las emisiones totales de CO2.
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2011 ha sido el año más caluroso de la historia en España, desde que se toman mediciones claro, pero que haya sido un año ‘extremadamente cálido’ (según lo ha definido la Agencia Estatal de Meteorología) es algo que solo debería sorprender a los escépticos del global warming y el cambio climático. A los que, por otra parte, están del lado de la comunidad científica y no se atreven a negar la evidencia no les habrá pillado tan de sopetón, aunque hayan pasado un otoño digno de latitudes más tropicales.
Por fín. Durban llegó donde tenía que llegar, aunque solo hayan quedado satisfechos los paises más contaminantes. Lo que ha quedado claro es que poner freno al cambio climático no era lo más importante que se debatía estos días. Resulta que mantener las viejas posiciones de poder (caso de la UE y los E.E.U.U.) o intentar alcanzarlas (caso de Brasil, China y demás economías emergentes) es lo que más preocupaba estos días a los dirigentes que se han dado cita en la ciudad sudafricana. Al final, en todos estos días de reuniones, de tiras y aflojas, el resultado ha sido una hoja de ruta difusa y poco concreta, que desde luego solo sirve para salvar la cara de los paises más fuertes y que en ningún caso deja satisfechos a los que realmente apuestan por poner una solución dentro de este embrollo de dimensiones cada vez más mastodónticas que es el cambio climático.